Probar comida coreana en Bolivia ya no es una experiencia reservada para quienes conocen la comunidad coreana o buscan restaurantes escondidos.
En ciudades como La Paz y Santa Cruz de la Sierra, la culinaria surcoreana ha pasado a formar parte del circuito gastronómico local. Los restaurantes especializados reciben una audiencia cada vez más diversa, formada por jóvenes, familias y curiosos que descubrieron Corea del Sur primero por las pantallas y, después, por el paladar.
La transformación acompaña un movimiento que se repite en diferentes países de América Latina.
La expansión de la Hallyu —la ola cultural coreana— despertó interés no solo por la música y las series, sino también por los sabores que aparecen en los K-dramas. Platos como bulgogi, bibimbap, kimchi, ramyeon y tteokbokki pasaron a formar parte del imaginario de una generación que decidió conocer la cultura coreana también a través de la gastronomía.
En Bolivia, este interés ayudó a fortalecer un escenario que ya venía siendo construido por la comunidad coreana.
Según un reportaje del periódico La Razón, la culinaria coreana comenzó a ganar visibilidad en el país a medida que los restaurantes tradicionales comenzaron a recibir clientes bolivianos interesados en probar platos vistos en series, películas y contenidos en redes sociales. La publicación destaca que el crecimiento del interés por Corea del Sur amplió la demanda de experiencias gastronómicas auténticas.
Más que servir comida, estos restaurantes pasaron a presentar una cultura.
En muchos lugares, el asado coreano se prepara en la propia mesa. Los clientes participan en la preparación de la carne, comparten pequeños acompañamientos conocidos como banchan y experimentan ingredientes poco comunes en la culinaria latinoamericana, como pasta de pimienta fermentada (gochujang) y diferentes tipos de vegetales fermentados.
La comida deja de ser simplemente un almuerzo o una cena. Se transforma en una experiencia.
Esta característica acerca la culinaria coreana a la tradición boliviana. Así como sucede en muchas familias del país, comer es un momento de convivencia. La mesa se comparte, los platos circulan entre todos y la comida sucede sin prisa. Aunque utilizan ingredientes y técnicas diferentes, las dos culturas valoran el acto de reunir a las personas alrededor de la comida.
El creciente interés también despertó iniciativas culturales.
La Embajada de la República de Corea en Bolivia promueve regularmente festivales gastronómicos, talleres culinarios y eventos dedicados a la divulgación de la cocina coreana. Las actividades suelen integrar semanas culturales que presentan al público boliviano diferentes aspectos de la cultura surcoreana, desde la gastronomía hasta el cine.
El fenómeno también es impulsado por el entretenimiento.
En un reportaje publicado por BBC News Mundo, la periodista Ana Pais explica que la expansión global de la cultura coreana creó un efecto en cadena: los espectadores que comienzan viendo un K-drama pasan a buscar los platos vistos en las series, descubren ingredientes, visitan restaurantes y amplían su interés en otros elementos de la cultura del país.
Esta relación se ve claramente en Bolivia.
Quienes entran en un restaurante coreano muchas veces ya conocen el kimchi antes de probarlo. Ya han oído hablar del bibimbap. Ya han visto personajes preparando ramyeon o compartiendo un asado coreano en alguna serie. La gastronomía se convierte en una continuación de la experiencia iniciada en el streaming.
Al mismo tiempo, los restaurantes ayudan a acercar dos culturas.
Presentan nuevos ingredientes al público boliviano y muestran que, a pesar de las diferencias, hay puntos de encuentro importantes entre las cocinas de los dos países: el valor de la comida compartida, el respeto por los ingredientes y la idea de que comer también es una forma de convivencia.
En Bolivia, la comida coreana dejó de ser una curiosidad gastronómica.
Pasó a formar parte de la conversación sobre cultura, turismo e intercambio entre los dos países. Y demuestra que algunas conexiones comienzan con la música, otras con las series. Pero muchas de ellas continúan alrededor de la mesa.